¿Quién soy hoy? La #selfie contesta click.

selfie

Entre pudor y vergüenza ajena, entre morbo y photoshop.
Vemos los autorretratos (#selfie) de otros y hacemos autorretratos (lo confesemos o no) para probar la cámara del celu, para decir «estuve aquí», para ver cómo me queda el pantalón, para poder contar algo y entonces haberlo vivido, para sumar al relato de quiénes somos un poco de realidad (alguna prueba más allá de nuestra imagen interna, tan distorsionada).

Si bien la foto #selfie puede generar pudor porque pareciera develar nuestra egomanía infantil, autoerotismo, narcisismo, mostrarse tratando de gustar a otros, evidenciando nuestro deseo; creo que más bien la autoconciencia se basa en temer mostrar que no sabemos: ahí está el propio ojo contra el espejo del botiquín, buscándonos. Publicar una #selfie es también buscar los «me gusta» que nos confirmen que eso que creemos que somos tiene algún eco, que sea verdad.

Los comentarios de lxs amigxs y primxs y tíxs a las propias #selfie son un mimo; si bien es molesto leer «qué diosa» y «potro» en las #selfie de otros, también creo que comentar una #selfie tiene algo de empático, es decir «yo también».

Frente a la posible crítica a las #selfies de lxs adolescentes (algo más que criticarles a lxs adolescentes), me llamo a la memoria: 20 años después yo me sigo mirando al espejo sin saber.

Aunque me incomoda decirle #selfie al self «sí mismo/a» (principalmente por ser un término en inglés y presentarse como un producto más a prosumir), me agrada cómo suena «sí mismita», hay algo cariñoso ahí.

Si en el siglo XX la identidad fue relato, en el SXXI parece el aliento de una buena pregunta.

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Extra: ¿Será que el éxito del Papa Francisco tiene que ver con que se anima a preguntar «quién soy» públicamente?

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