El libro no es el papel sino el texto, la película no es el pochoclo sino la historia, la canción no es la disquera sino el ritmo.

Una historia es una historia. El soporte en el que la recibimos es sólo eso, un soporte.

Sin embargo, la defensa de tal o cual dispositivo, algo más bien cercano al fetichismo particular de cada quien, se tiñe de valores éticos o morales relacionados con conservar el pasado, la memoria, cuidar formas de entendimiento, preservar la posibilidad de insight del pensamiento, capacidad crítica, manejos del tiempo y, siempre, respeto de los derechos de copyright. Todos los argumentos hablan de la perdida de algo. Lo que no dicen, claramente, es qué es lo que se pierde. Y, claro, ocultan lo que se gana.

¿Se piensa mejor al leer una historia en un libro en vez de hacerlo en una tableta? ¿Acaso tiene tanto poder el soporte?

Sí, tiene que ver con el poder. No, no tiene que ver con el poder del dispositivo, sino con el de la industria.

Las modificaciones que nos traen los nuevos dispositivos en nuestros hábitos de lectura o de escuchar música tienen al menos dos características muy potentes: la distribución y el diálogo. El costo muchísimo más bajo del texto o el audio en formato digital permite la distribución libre de las historias (y de todo tipo de textos) y de canciones, y el hecho de que los archivos en formato digital sean distribuidos en una red como Internet mediante redes sociales, permite una interacción entre lectores-autores y lectores-lectores y autores-público que altera el contexto de producción del arte. Si escribimos o componemos una canción para decir lo que queremos decir y así hacer contacto con otros, bueno, la red lo hace muy posible. La posibilidad de diálogo ampliado expande el contexto de inspiración de quien crea como así también potencia la posibilidad de edición: un texto digital es reescrito, una canción digital es remixada, una película multiplicada es retomada, manipualada, vista, repensada, compartida.

Las objeciones a la cultura abierta que disfrutamos compartiendo y haciendo creaciones en Internet es, cuando menos, sospechosa. Y lo es aún más si le sumamos una interesante paradoja: tanto en los libros como en la música, la distribución de creaciones en las redes ha favorecido un giro hacia la performance en vivo, algo que se había perdido por completo gracias a la venta de libros y discos por industrias editoriales y discográficas. La distribución libre y masiva en Internet nos acerca cuerpo a cuerpo. Los músicos volvieron a los bares y los bailes, los escritores volvieron a las lecturas públicas.

En vez de sancionar nuestras prácticas culturales, deben cambiar las leyes y las ideas sobre una realidad que ya no existe.

La caída de ayer de POPCORN time (una aplicación que permitía ver películas online compartidas por Torrent) por las presiones ejercidas por la industria apoyada en la ley, nuevamente nos ofrece la oportunidad de cuestionar a gritos la forma en que intentan limitar la distribución en red de las producciones de la cultura.

Los creadores de PopCornTime difundieron ayer su mensaje:

La piratería no es un problema de gente. Es un problema de servicio. Un problema creado por una industria que pinta a la innovación como una amenaza a su anticuada receta comercial.

Aprendimos muchísimo de ellos, especialmente que enfrentarse a una industria tan tradicional y tratar de revolucionar un mercado tan grande tiene sus costos asociados. Costos que ninguna persona merece pagar.

Acá pueden leer la justificación completa para cerrar, por los creadores de PopcornTime: Pochoclín. Igual los Pochoclín la pensaron bien y el código fue copiado: hoy, un día después de la caída, ya está replicado. Y con la ayuda de miles de cabezas conectadas, la idea de PopcornTime se multiplicará y mejorará.
La Web resiste.

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Me inspiró el título de este post leer este blog: Análisis de hilos de conversación en foros
http://unlibronoeselpapel.blogspot.com.es/2013/11/foros-de-calidad-y-competencias.html
compartido por Edgar Altamirano en Facebook.

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One Comment on “El libro no es el papel sino el texto, la película no es el pochoclo sino la historia, la canción no es la disquera sino el ritmo.”

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