Te recuerdo. Preguntas acerca de la memoria.

Ilustración x Martina Wember


Quiero comentar el notón de Javier Borelli a Héctor Schmucler.

Muy interesantes las pistas que da Schmucler para pensar la memoria y sus cruces con la tecnología digital disponible hoy: «en el pensamiento humano no hay palabras clave. En la vida, de pronto aparece una voz, una música que recuerda». La voz, la música, el olor o la imagen serían las palabras clave de la mente, quizás, el anzuelo. Lo inquietante es lo que dice Schmucler sobre la necesidad de datos en la propia memoria, en la propia red, para poder pensar.

¿Cuál es la relación entre la hipermemoria técnica y el olvido? Desde el tallado en la piedra venimos relegando memoria en dispositivos (piedra, arcilla, escritura, papel, libro, disco, LP, cassette, 0 y 1, chip) para recordar. Puede pensarse la acumulación de datos en internet como una relegación de memoria en dispositivos en red (otros humanos y otros aparatos) para sumar datos al pensamiento. ¿Por qué, si tengo disponibles los datos en la red, no puedo considerar que me sirven para pensar, para procesar ideas? El ser dueño de los datos, que estén dentro de uno ¿es indispensable -biológicamente hablando- para el procesamiento del pensamiento? Al respecto, George Siemens dice «El aprendizaje (definido como conocimiento aplicable) puede residir fuera de nosotros (al interior de una organización o una base de datos)», sembrando uno de los aspectos más controversiales del conectivismo.

«Creo que hay una degradación de lo humano al ser totalmente dependientes de algo grabado en otro lado. Porque la búsqueda de Internet no es guiada por la memoria de uno, sino por lo que va dando la frecuencia de búsquedas o los patrones del buscador (que se han impuesto tanto que nos parece que son los únicos posibles)». Acá me pregunto: al buscar en internet no estamos guiados sólo por patrones del buscador sino por la memoria de otros, podemos pensar sobre la base de una memoria colectiva (a gran escala). Esto a mí me permite preguntarme acerca de nuevas concepciones de construcción de lo común.

¿Acaso un libro no es el resultado del algoritmo de un autor, que no soy yo, cuya información está grabada en otro lado, que no soy yo? Si la posesión del dato en la propia red neuronal y/o emotiva es lo que permite el procesamiento del pensamiento, estamos diciendo que es necesario volver a tiempos previos al tallado de la piedra para pensar. Exagero, pero eso.

Una buena pregunta para el pensamiento histórico «La memoria no debería preguntar qué pasó sino cómo fue posible», aunque también cuando leemos una fuente el «qué pasó» es necesario para preguntarse después el «cómo fue posible» o lo que uno le quiera preguntar a los que ya no están. Sin embargo, me parece muy significativo el siguiente llamado de atención: confiar en la memoria de datos, en la relegación que hacemos al dispositivo para recordar, no implica el procesamiento, el pensamiento del recuerdo. Me encantan las inquietudes pedagógicas que abre tener que pensar cómo enseñamos historia cuando el dato total está disponible y el trabajo pasa sólo -y fundamentalmente- por pensar y preguntar en todos los tiempos: cómo fue posible, cómo es posible, cómo seguirá siendo posible.

Schmucler remata sobre la supuesta neutralidad de la tecnología: «las tecnologías son maneras de pensar y existir en el mundo». Frente a la velocidad y los ritmos de atención actuales, dadas las exigencias que impone la técnica al relato, Schmucler dice «deme tiempo». Quizás, ese sea el pedido más humano que conozco.

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sobre evaluación (1)

Cada vez que proponemos alguna actividad no típica, creativa, de colaboración, en la que la participación de los alumnos es mayor y no de manera individual… algún profe de nivel medio hace la pregunta que lo destruye todo «¿y eso cómo lo evaluamos?«.
Es indiscutible que es necesario pensar prácticamente las clases, pensar lo posible, pero cómo evitar el valor limitante de esa pregunta? ¿Cómo pensar «lo imposible» (tan necesario para resolver la realidad de la práctica diaria) si siempre llega esa pregunta a obstruir todo proceso de pensamiento?

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Devoluciones para el seminario Herramientas web2.0 #Diplotic – Volumen 1 :)

Realizar devoluciones a partir de producciones de alumnos es un desafío: no sólo de tiempo (tener tiempo suficiente para hacerlo) sino también cognitivo. Hubiese querido poder dar devoluciones antes, más cerca del momento en que las hicieron, pero no me fue posible. La ventaja de hacerlo con un mes en el medio es que me permitió ir leyendo despacio y dando tiempo a que todos puedan ir completando las entradas, de manera de leerlos en conjunto. Me llevo yo para el próximo seminario modificar la agenda de publicaciones: me hubiese gustado que lográramos generar más lecturas y comentarios entre ustedes. Me llevo además ideas sobre cómo trabajar dinámicas de aprendizaje en red en «Aulas-red«, los usos que algunos de ustedes hicieron de herramientas web2.0 me dieron muy buenas pistas. También (¿y cuando no?) me replanteo las consignas que les di. Algunas funcionaron muy bien, otras no tanto. Me refiero a las dinámicas en el encuentro presencial y quizás algunas respecto a la agenda de publicación. Por lo tanto, muy buenos aprendizajes.

Estoy armando «un disco» con sus devoluciones: voy tomando notas al leerlos y después grabo el comentario. Ya tengo listos 3, van a ir apareciendo los nuevos tracks en estos días. Hay varios que no completaron sus entradas, si quisieran que las lea tienen hasta el lunes para hacerlas (avisenme si lo hacen porque si ya fui al blog y tengo listas las notas no vuelvo a leerlo, grabo la devolución como está). Pueden ver lo que les falta siguiendo los amarillos del cuadro de producciones.

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El blog como ambiente de aprendizaje y creación(parte3)

Al volverme de Ciudad Universitaria en el 160 luego de dar clase a los alumnos de Diseño Industrial 1 -a pedido de Mariana Massigoge (JTP de la cátedra Rondina – DiseñoIndustrial 1)-, se me empezó a armar en la cabeza el índice del libro que quiero escribir sobre Blogs.

Fadu un jueves a la noche:
corazón fadu

el error

escarabajito en FADU

celos

Cursé hace 20 años semiología del CBC en el Pabellón 3.
Antes de llegar, recorrí el barrio de La Lucila donde viví hace 25.
Antes de partir, saludé con la mirada en un entierro a aquellos con quienes bailé los cadillacs hace 30.
Días como hoy duran para siempre.

Y todo esto motivado por decir sí a una invitación a dar clase. Muchas gracias Gordis por invitarme.

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Her. La tecnología no nos salva.

Me encantó HER de Spike Jonze. Su calidad como película quedó explicitada con sus tantas nominaciones al Oscar y también por las interesantes reflexiones que suscitó. Her invita a pensar:

Julieta Montero para Blogs de La Nación «Sólo una pantalla, un espejo…»
Juan Terranova para Revista Paco «El héroe fóbico»
Ray Kurzweil en su blog A review of Her

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La tecnología nos muestra.

Coincido con el cuestionamiento de Terranova sobre la crítica a la tecnología de parte de Jonze en tanto factor de desconexión «el mundo es y estamos mejor con Internet. Facebook mata Samantha». Resulta realmente paradojal que acusemos a una tecnología que facilita la conexión de las dificultades de conectarnos que tenemos las personas. El medio es el mensaje pero el medio no es el culpable de nuestros límites, «seguimos en el mundo de la lengua, la castración y la represión donde impera el malentendido. Somos seres humanos y encontraríamos la forma de alienarnos en cualquier entorno tecnológico» sic Terranova.

En cuanto a críticas futurísticas, creo que Her puede ser una crítica al excesivo confort. En esa total naturalización de la tecnología con el entorno, surge una ciudad desprovista de violencia, un asfalto que no pesa, un afuera sin clima. Son existencias de cromaquí. La vida necesita olor a podrido, si no se parece más a la muerte.

En Her las personas caminan hablando solas. Salteemos entonces la crítica errada a la alienación que puede provocar la tecnología, observemos los problemas que puede causar su transparencia. Las personas caminamos hablando solas, solo que no se ve. En la película de Jonze, ese diálogo interno se hace público al entablarse con sistemas operativos mediante auriculares. Esta transparencia es muy significativa y me parece un logro cómo Her la pone de relieve. Algo que está haciendo la tecnología al dejarnos ver es, por ejemplo, causando nuevos tipos de discusiones dado que nos permite ver que un mensaje que enviamos es leído (doble check) y no contestado de inmediato («volvió a entrar a whatsapp hace 5 minutos y aún no me contestó»). Conocer los tiempos de alguien es tener acceso a su intimidad, la tecnología nos permite borrar barreras del mundo interior que tal vez sean necesarias. Creo que hay algo provocador en HER al mostrar de manera pública la intimidad. Que Theodore trabaje como escritor en una empresa que presta el servicio de escribir cartas de amor, habla no sólo de la extrañeza frente a la necesidad de mediatización para expresarse, sino también de la alarma frente a un espacio de intimidad vedado. Igual, de nuevo, no es culpa de la tecnología que nos enoje que alguien no haga lo que queremos cuando queremos que lo haga. La tecnología hoy sólo nos transparenta, nos muestra más cómo somos.

La tecnología garantiza la conexión, no su éxito.

Del tecnoanálisis de Ray Kurzweil rescato su valoración de la propuesta de Jonze en tanto plantea la posibilidad absolutamente real de amor entre un humano y un sistema operativo. ¿Qué puede tener de extraño que amemos a un sistema operativo cuando somos capaces de amar a escritores, músicos y pintores a través de sus obras? Más posible es si esa obra humana contesta y tiene la voz de Scarlett Johansson, diciendo casi siempre lo correcto. Las relaciones unilaterales que somos capaces de tener con famosos, los vínculos recíprocos y no-recíprocos que establecemos en las redes sociales, todas son muestras de que ante todo establecemos vínculos, a veces no importa mucho con qué o con quién. La tecnología cada vez nos da más posibilidades de conectarnos, o sea, de vincularnos, y esto habla más de nuestra necesidad de cercanía y de nuestro dolor frente a la imposibilidad de lograrlo que de la responsabilidad que tiene determinada tecnología sobre nuestros fracasos.

No hay tecnología que nos salve.

Her es una película de amor y a mí, claro, me hizo pensar en eso. Se trata de una historia que cuenta la escisión entre amor y erotismo, la imposibilidad de unirlos: el encuentro amoroso de Theodore con Samantha (su sistema operativo) es posible porque este encuentro no explota en el cuerpo, el erotismo se haya controlado en la dimensión semántica, sin el riesgo de provocar los descontroles que ocurren cuando alcanza a los huesos. Jonze muestra a Theodore incapacitado de vincularse con otro cuerpo: sale con una bomba a la que le corta el mambo en medio de cachondos besos, su ex mujer lo acusa de no poder vincularse con una persona real y cuando Samantha intenta corporalizar su encuentro a través de una joven freak dispuesta a ser el punte de carne entre ellos, tampoco puede concretarlo.

Al matrimonio occidental le venimos pidiendo que solucione esta separación, que nos integre permitiéndonos vivir amor y erotismo con una misma persona y a lo largo del tiempo. Theodore firma su divorcio porque no lo logró. Amy, su vecina y amiga, se separa liberándose de un matrimonio desgastado por la convivencia y comienza una relación que la potencia, también con un sistema operativo.

El final «feliz» de la película es que Theodore y Amy se encuentran en la última escena en una terraza, devastados ambos por haber sido abandonados por sus respectivos sistemas operativos, expuestos a tener que dar un salto al vacío: tocarse.
Nada nuevo bajo el sol, no? Una película de amor que pone de relieve su contracara: el imposible.

Me interesan las preguntas que abre Julieta Montero en su reflexión acerca de HER, pero más que preguntarme «¿Qué significa estar juntos hoy?», me pregunto algo nada original: cómo.

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