May 172013
 

Estoy atravesando TRAL (una práctica educativa abierta que llamamos “tejiendo redes de aprendizaje en línea”). Hace unas semanas fueron las jornadas IBERTIC en la que Diego Leal mencionó 4 desafíos, uno que en particular me tocó, pasar de las posibilidades a la realidad. Comprendí que hablaba de una vieja tensión: teoría/práctica, y me movilizó. Ese mismo viernes llevamos la posibilidad del tejido de redes humanas a una nueva realidad, intentamos hibridar la realidad presencial con la realidad en línea, uniendo ambas en algo nuevo (link a la grabación de la sesión híbrida).

foto de Paola Dellepiane

foto de Paola Dellepiane

Esto, más la charla posterior a la sesión híbrida con Machi Alonso, Paola Dellepiane y Diego Leal, en la que Diego cuenta sus inquietudes respecto a qué es lo que estamos haciendo al llevar la vida a la red (más o menos eso), se suma todo a otras preguntas que me vengo haciendo respecto a la comunicación y a la educación, y supongo también que porque estoy creciendo, acercándome a los 40, entre otras cosas, tengo muchas preguntas. Para contestarme, me pongo a escribir, siempre que me pierdo escribo para encontrarme.

Empiezo entonces yendo al pasado, cómo llegué yo a las redes.


Habitar la red de Fidonet

Tenía 18 años, me había ido a vivir sola, trabajando mucho para pagar a gatas el alquiler de un pequeño departamento en un barrio nuevo, lejos de donde nací, cruzando avenidas que nunca cruzaba. Quería ampliar mi horizonte que creía demasiado cercano. En un poste del nuevo barrio, veo un pegado un cartel que decía que se buscaban redactores para una revista barrial, yo trabajaba de redactora así que me pareció bueno sumarme, quería echar raíces en el nuevo lugar. Así conocí a quien lideraba el equipo de la revista barrial que comenzaba a gestarse, Luis Beltrán. Nos hicimos grandes amigos. Él me inició en Fidonet. Me instaló los programas que se necesitaban para conectase, me enseñó a usarlos y me presentó Carreteras del Viento, un BBS en el que compartíamos escrituras y lecturas. Así comencé a habitar las redes, para compartir, leer y escribir literatura. Mi mundo se ampliaba más allá de mis vínculos cercanos. Conocí nueva gente, me encontré con quienes compartían mis ganas de escribir, expresar y leer otras voces. Teníamos reuniones presenciales, la primera, recuerdo, fue en el Bar La Paz de la Av. Corrientes. Yo no sabía donde quedaba el Bar La Paz y Federico Joselevich, quien coordinaba el BBS Carreteras del Viento, me preguntó “¿vos vivías en un dulce de leche?”. Sí, pensé, con un poco de vergüenza. Carreteras del Viento me puso en ruta, con viento en la cara. Desde ese bello lugar en la red llegué a otro proyecto en red: Leve Retina, una publicación de soporte informático dedicada a la ficción y la poesía. Participé en algunos de los números de la revista con mis primeros escritos, fragmentos a los que yo llamaba “algos”, por no animarme a ponerles otro nombre. Así, los mantenía en el terreno de las posibilidades.

Mudanza a Internet a la fuerza
Cuando llegó Internet, ese mundo nocturno de comunicación asincrónica (Fidonet era un espacio con lógica de email, uno se conectaba, súbía y bajaba “mensajes”, se desconectaba y los leía) empezó a desaparecer. Me encantaba el sonido de mi módem cuando se conectaba a la súper velocidad de 14.400 bits por segundo. Leía los mensajes en la pantalla negra de letras blancas del DOS, y a muchos mensajes/textos los imprimía para atesorarlos; otro sonido que me encantaba: la LX810 yendo y viniendo para ir dejando aparecer los renglones de esos mensajes en el papel, o mis escritos.
Mi primera experiencia de Internet, algo que no entendía bien qué era, fue un email. Casi no recuerdo para qué lo usaba, mi sensación de esa primera Internet es que no había nadie, era mejor Fido. Paulatinamente fui teniendo otros emails, principalmente los usaba para trabajo. Y me fui metiendo en espacios de chats, foros. Usaba Windows y empecé a apreciar la bandeja de entrada del Outlook Express. Menos ruidos, un espacio en red más grande pero muy poco tangible, menos habitado del modo que se habitaba en Fidonet.

Habitar los blogs
Pego un salto en el tiempo porque hay cosas que no me acuerdo (y no pasó mucho interesante a nivel producción en Internet antes del 2000, al menos no en mi vida) y llego a los blogs. De nuevo es Luis Beltrán quien me abre la puerta: yo escribía la columna de ficción diaria “Piti Tapia” para el portal Starmedia (ya no quedan rastros de eso en la web). Luis me insiste: eso que vos hacés es un blog, tenés que hacer blogs. Él tenía su blog, allí comentaba cosas que veía en internet, escribía opiniones, distribuía información sobre tecnología, un buen blog nerd que me encantaba leer. Con Luis en el 2000 iniciamos un proyecto Tomatewebs. Creábamos sitios web. Comenzamos programándolos en HTML para terminar años después, pasado el descubrimiento del CSS, a armar sitios basados en plataforma de blogs, el querido WordPress. Finalmente en 2003 comencé a bloguear, retomando un poco el espíritu de mi propia escritura, esos “algos” que compartía en Carreteras del Viento. Ahí comencé a sentir de nuevo lo que era habitar la red. Se creaban redes entre blogueros, nos leíamos y comentábamos. Me hice amigos que hoy siguen siéndolos. En esa época estaba muy dedicada a la dramaturgia, escribía en blogs y en todas partes.


Habitar redes de aprendizaje

En paralelo al descubrimiento de esta nueva manera de habitar la red que se daba desde los blogs, primero desde la comunicación y después desde los proyectos de clase de una escuela, comencé a unir la tecnología del aprendizaje en red (ni por asomo podría haberlo dicho o pensado así) con la educación. Desde antes del 2000, yo trabajaba como encargada de comunicación en el colegio Las Cumbres, y un poco por lo caro que resultaba imprimir y otro poco por la potencia que junto con Luis pensábamos tenía la red para la comunicación y la educación, fuimos llevando al colegio a comunicarse totalmente en línea, con la comunidad del colegio, las familias, y también el mundo. [todavía nos gustaba el flash :)]

Comencé teniendo reuniones con los docentes para que me contaran sus proyectos y actividades de clase para así poder publicarlos en la web del colegio. Estas reuniones fueron mis primeras clases de pedagogía. Las escuchaba y tomaba nota a mano. Ellas me decían qué habían hecho en clase, yo les preguntaba los fundamentos, los por qué, los para qué, qué habían descubierto, qué podrían cambiar (básicamente, las mismas preguntas que me hago ahora sobre todo lo que sucede en el aula) y armaba una nueva página en la web “mostrando” o más bien “compartiendo” lo que ocurría puertas adentro. Mi justificativo interno y lo que decía para fundamentar estas publicaciones era más bien desde el aprendizaje por proyectos. Si en clase se logran producciones, esas producciones son algo para compartir. A veces, la misma publicación terminaba constituyendo el producto final. Costó salir de esta lógica de “mostrar” para llegar a donde estamos hoy que es trabajar en la red puros procesos de aprendizaje. Al poner al colegio en línea, comencé a descubrir que además de mostrar lo que se hacía, podía directamente hacerse en línea. Algo como la extensión del aula y del colegio, pero todavía no podía enunciarlo así.

Recién cuando en 2009 participé del curso masivo abierto en línea (MOOC) CCK09 encontré una manera de empezar a entender eso que paso a paso fue ocurriendo en las experiencias de Las Cumbres. Habitar la red para aprender. Otra manera de construir conocimiento, visibilizando y transparentando procesos, la transparencia como método para modelar cómo aprendo, por lo tanto, enseñar. Lo aprendido y las preguntas que me surgieron de esa experiencia, rápidamente las puse en práctica diseñado una práctica educativa abierta en español sobre conectivismo, TIOD10taller de investigación online docente“. En 2010, empecé en la cátedra de Aplicaciones TIC II de la USAL, en Rosario. Buscando formas de ofrece una práctica de aprendizaje en red a mis alumnos, nos encontramos en Twitter con Pablo Bongiovanni, teníamos las mismas inquietudes: empezamos juntos #redeschat.

Del aprendizaje en red al aula-red

En los útlimos años varias experiencias de aprendizaje en prácticas educativas abiertas, y la lectura de experiencias de quienes como Diego Leal comparten sus trabajos y cómo los hicieron, fui encontrando una manera de pensar las redes y la educación. Primero empecé pensando el aprendizaje en red, y llevé esas ideas a la práctica, posibilidades hechas realidades, esto me llevó a sumarme al proyecto de cátedra Datos con Piscitelli y ser parte del proyecto 1a1 Sarmiento en el Colegio Nº2 de la ciudad de Buenos Aires durante 2010. El choque con la realidad es fuerte, y necesario. Estas experiencias resignificaron mucho qué era aprender en red y qué sentido tenía hacerlo. En el 1a1 Sarmiento se intentó la convergencia entre la cultura digital y la escolar. Al menos eso me interesaba a mí lograr. En el Colegio Las Cumbres, en paralelo, fuimos trabajando con blogs de aula, blogs de docentes, entornos de aprendizaje (los PLE que había descubierto en CCK09), y más. Mis clases en el seminario Aplicaciones TIC II de la USAL fueron y son un laboratorio constante de prueba de estas ideas. De una posibilidad a una realidad y de allí de nuevo a nuevas posibilidades y realidades.

De tanto aprender en red, llegué a pensar más la enseñanza en red.

Me interesan las posibilidades que el aprendizaje en red puede tener en la realidad del aula. Escribí dos artículos sobre esto:
El aprendizaje en red como entramado pedagógico y social. Una perspectiva para la formación docente” para el Congreso CIAMTE 2012 y “Del aprendizaje en red al aula-red. En busca de nuevos sentidos para el aula” para un libro que edita Juliana Raffaghelli (el segundo aún no está publicado).

Ahora estamos cerrando esta edición de TRAL 2013, donde las redes de aprendizaje que se tejieron son de América Latina. Y desde ExplorArtic estamos proyectando la etapa posterior: la investigación sobre esto que hicimos.

La tecnología que posibilita todo esto es la misma que posibilitó la impresión de la biblia masivamente en el siglo XV: es tecnología creada por humanos que, si se quiere, permite abrir el juego, democratizar la vida. O no.
Cuando me cuestiono trabajar abriendo el aula, conectando alumnos de acá con los de allá, pensando nuevas formas de aprendizaje para las instituciones educativas para que sumen prácticas de construcción de conocimiento en red, a veces temo; porque esto mismo que estoy haciendo puede servir tanto para la riqueza que experimentamos como también para lo contrario: para borrar diferencias, para masificar, para empobrecer, para embrutecer.

¿Entonces? Lo mismo puede decirse de la escuela. Y de casi de todo: la significación que tiene lo que hacemos se va definiendo en su carnadura, su práctica. En un seminario sobre Praxis Educativas en América Latina que estoy cursando en Cs. de la Educación (lo dirige Daniel Suárez) el martes pasado me fui con una bella pregunta que me parece puede abrirme un caminito nuevo para la investigación que estoy queriendo empezar a imaginar: ¿de qué manera puede la tecnología digital ser un poder para más democracia? ¿Puede?

Y, si leo más arriba, mis “por qué” habitar la red desde un principio, todo empezó con una pregunta parecida.

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 17/05/2013  Posted by  memoria, sin categorizar  Add comments

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