Educación y Tecnología: una mirada pedagógica frente al cambio (Parte 2)

Segunda parte de la entrevista que me hizo Lucas Delgado de CanalAR, reproduzco un fragmento, para leerla entera es recomendable darse una vuelta por CanalAR.

– ¿Qué respuesta observa por parte de los docentes y alumnos? ¿Se ven acaso afectados estos roles con la incorporación de herramientas informáticas?

Los docentes se resisten a aceptar que lo que aprendieron no les alcanza para trabajar, que tienen que seguir aprendiendo todos los días. Yo me peleo bastante con esta resistencia porque es oponerse a lo que es necesario para sobrevivir. Exagerando un poco -pero no tanto- es como negarse a respirar. Hoy todos tenemos la misma exigencia: vivimos un proceso de aprendizaje continuo indispensable para hacer nuestro trabajo (y para pagar las cuentas, manejar la cuenta del banco). Y en especial los profesionales de las «P», los que basábamos nuestro quehacer en la gestión del conocimiento y la información (periodistas, políticos, publicistas, profesores, publishers -editoriales-) estamos obligados a un constante movimiento. Que los docentes puedan no registrar esta necesidad creo que tiene que ver con la institución educativa: está tan naturalizado el Yo hablo, vos escuchás del aula y la estructura vertical de la autoridad, que hasta llegamos a creer que así aprendemos algo para nosotros mismos, cuando como estudiantes más bien aprendemos cosas funcionales para los intereses de los demás: escuchamos, cumplimos horarios, nos sentamos. Se trata de lo siguiente: el sistema educativo tiene objetivos sociales, y las personas, cuando aprendemos, estamos apuntando a objetivos individuales. El sistema educativo así como funciona hoy, no satisface esta necesidad de aprendizaje personal y la buena noticia es que la tecnología puede ayudar a revertir esto: por ejemplo, una computadora por alumno favorece la personalización del aprendizaje.

Al trabajar las TIC con docentes para potenciar sus propios aprendizajes, enseguida el enojo se transforma en alegría. Hay que tomar en cuenta esto: un docente suele ser alguien a quien le gusta aprender. ¿Cómo serían las clases con docentes alegres en vez de frustrados? Eso ya sería un cambio interesante.

La respuesta de los alumnos en la escuela al recibir propuestas con tecnología que abran el juego a la creatividad, la personalización del aprendizaje y su propia producción, siempre es positiva. A nivel universitario es otro cantar: la experiencia en la UBA de la cátedra de Datos es interesante para analizar esto (y creo que es uno de los pocos casos que tenemos para observar, esta escasez de ejemplos ya es una pista). En Datos, las redes sociales son tomadas como objeto de estudio y como herramienta. La inclusión de las TIC es un requistio para la exposición y la producción de los docentes y los alumnos, hay que aprender a «pensar con imágenes», no sólo leer y escribir. Y todo esto va acompañado de una propuesta pedagógica de horizontalización de la relación docente-alumno: los docentes no son dadores de contenidos y los estudiantes -en tanto prosumidores- sí son productores de conocimiento. Estas modificaciones del contrato tácito entre docentes y estudiantes universitarios son bien recibidas (la matrícula de la materia crece y las producciones de los alumnos mejoran) pero también criticadas. Y en este tema podemos extendernos mucho ¿por qué los estudiantes aceptan más fácilmente repetir que innovar, el monólogo a la diversidad, memorizar que aprender? Y acá se abren otros debates posibles acerca de la resistencia al cambio de la institución educativa más antigua y tradicional. La inclusión de las TIC en las universidades tiene que ver con todo esto.

Entrevista completa: parte 1 y parte 2

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